
La procrastinación para escribir esta segunda edición de mi newsletter ha sido tal que es muy tarde a la noche, y yo recién estoy escribiendo estas líneas para publicarlas mañana.
No es por vaga, es por miedo a equivocarme y defraudar. Recién lo desbloqueé y, como magia, ¡pum! comenzaron a venir las palabras a mi mente.
Me acuerdo de una vez que me pasó lo que más teme uno en medio de una negociación: mandarle el mail equivocado a la competencia, con toda la lista de precios incluída.
De mi jefe de ese entonces —que sé que está suscripto a esta newsletter—, seguramente alguna puteada me ligué, pero de que aprendí a chequear el CC y el CCO diez veces antes de enviar, aprendí.
Ese miedo al error…
Pero, ¿qué sería de la vida sin errores, no? Seríamos robots. ¡Porque si hay algo que es humano es errar, eh!
Encontrar el error, o que el error te encuentre a vos, es tener la oportunidad de mejorar.
Soy de escuchar muchos podcasts, y justo hoy puse uno donde entrevistaban a Vilma Nuñez, Ph.D, MBA, una experta en marketing digital muy reconocida, que dijo una frase que me pareció maravillosa:
“Si no te avergüenza tu primera versión, comenzaste demasiado tarde.”
Y pensé, ¡tal cual! Qué gran verdad: saber que ninguna primera versión será perfecta, y no pasa nada. Porque lo que realmente cuenta es animarse, aprender en el proceso y mejorar con cada error cometido.
La frase me trajo varios aprendizajes que fui masticando durante el día y que quiero compartir con quien haya llegado hasta acá en la lectura:
1. Dejá de creer que ser perfeccionista es una virtud
Escuchame bien: el perfeccionismo no es una virtud, es un ancla. No hace falta que todo esté impecable para salir al mundo. Al contrario, si esperás que sea perfecto, estás frenando tu propio progreso. Mejor hecho que perfecto.
El perfeccionismo suele estar ligado a la procrastinación. Un estudio de la Universidad de York en Canadá encontró que cuanto más intentamos hacerlo todo perfecto, más nos paralizamos y retrasamos nuestras acciones.
2. Entendé que cada error es crecer
Cada error es una señal de que estamos avanzando, no estancados, porque no se equivoca el que no hace. Cuando nos mandamos una cagada, estamos creciendo, y ese crecimiento vale más que cualquier cosa que te mantenga en la zona de confort. Los errores son oportunidades para activar el cerebro y ¡aprender!
3. Basta de estar eternamente “preparándote”
Si te la pasás preparando y ajustando cada detalle y no sé qué más, no estás avanzando, estás paralizado, lamento decirte. La preparación extrema es una trampa que te mantiene en el mismo lugar creyendo que algún día vas a estar suficientemente preparado como para “hacer algo”. Dejate de excusas. Accioná, que solo leer frases inspiradoras no cumple ningún sueño.
Las personas a menudo caen en la trampa de la “preparación interminable” como una forma de evitar la ansiedad de pasar a la acción, lo que termina impidiendo su progreso.
4. Pensá que hasta los grandes empezaron con primeras versiones medio pelo
Y no le voy a dar palo a nadie, pero hacé memoria: todos, sin excepción, empezaron con algo imperfecto, que luego hasta vergüencita les daba. Así que dejá de pensar que tenés que tener todo resuelto antes de lanzarte a comunicar tu marca personal. Los que la rompen no esperan tener pronta la versión PLATINUM, ni ahí, van, hacen y corrigen sobre la marcha.
La perfección no existe, te lo dice una perfeccionista en recuperación.
5. Mostrá tu vulnerabilidad, eso es lo que realmente conecta
Mostrate tal cual sos, con fallas incluídas. Si te equivocás, ¿cuál hay? ¿Qué problema hay?, en serio. Es fácil esconderse detrás de una fachada de perfección, pero eso no le mueve un pelo a nadie, y además es insostenible. Mostrar que te equivocás como todos, es tu superpoder.
6. Aceptá que los errores son parte de tu evolución
Cada error que cometés no es un fracaso, es un paso adelante. Está comprobado, por todas las cagadas que me he mandado. Y es que cada vez que te mandás una, estás un poco más cerca de tu versión real, la que evoluciona y crece. Así que no tengas miedo de equivocarte, tené miedo de no intentarlo. Porque son esos errores de los que más aprendés.
A propósito, ¿ya encontraste el error? Los leo en comentarios.
Gracias por estar del otro lado y por permitirme aprender junto a ustedes. Nos vemos en la próxima edición de Datos no tan al pedo, con la esperanza de que el miedo a decepcionar a los ya más de 370 suscriptores —¡qué emoción saber que tanta gente quiere leer lo que tengo para decir!— no me frene tanto.